Cesárea humanizada : el nacimiento de Laura

Los avances médicos han conseguido que la seguridad en los partos cada vez sea más alta pero al mismo tiempo los nacimientos se han “tecnificado” hasta un punto en el que a veces las mujeres sentimos que somos sometidas a una gran batería de intervenciones innecesarias y que el aspecto humano de un momento tan trascendental parece ser olvidado diluido entre protocolos hospitalarios. En los últimos años los hospitales están empezando a implantar protocolos de parto más humanizados para que la vivencia de un momento así sea más satisfactoria para madre e hijo, e incluso más segura, aunque las cesáreas se siguen viendo como un proceso quirúrgico donde incluso es difícil que te permitan estar acompañada por tu pareja. El procedimiento conocido como cesárea humanizada (o “respetada” o “natural”) intenta reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones que se tienen en un parto natural y poco a poco está empezando a ser una realidad en nuestros hospitales.

Yo había leído artículos sobre ello, visto vídeos e incluso asistí a una conferencia en el Hospital Vall d’Hebron en el que se comentaban los beneficios de humanizar las cesáreas. Así que cuando me enteré de que el Hospital General de Catalunya era pionero en aplicar un procedimiento así en España y que lo hacían de la mano de la Dra. Laura Rodellar, a la que conocía por haber fotografiado mi primer parto como fotógrafa con ella no dudé en contactar para que me explicase más. Pero mejor que eso, he podido verlo en primera persona, y hace apenas unos días tuve la oportunidad de ser testigo del nacimiento de Laura por cesárea humanizada. Fue una experiencia increíble, impactante y muy emocionante, porque cada nacimiento, sea como sea, te deja esa sensación tan maravillosa de haber presenciado un momento único y trascendental. Así que voy a poder explicaros cómo es una cesárea humanizada y por qué, a la vez que comparto como fue en el caso del nacimiento de Laura.

En una cesárea humanizada la madre, en el quirófano, está acompañada por su pareja (o por la persona que ella decida). En nuestro caso incluso éramos dos personas las que la acompañábamos ya que además de la pareja estaba yo!. Por supuesto, la anestesia es epidural, para que la madre esté perfectamente consciente en todo momento.

 

 

Cuando ha llegado el momento en el que el bebé va a nacer se baja el telón estéril que se coloca entre el abdomen y la cabeza de la madre, para que ella y su acompañante puedan ver a su hijo nacer. Es un momento precioso y muy impactante, y aunque he de reconocer que me preocupaba ligeramente que pudiese ser también muy explícito como una cirugía abierta he de decir que la incisión es pequeña y la cabeza del bebé prácticamente la tapona (luego he sabido que esto también es una ventaja para disminuir el sangrado). Desde la perspectiva de los padres el ángulo de visión es menor y estoy segura de que sólo tendrán ojos para mirar a su hijo a la cara por primera vez.

Otra característica importante es que el parto es lento, para favorecer la “autorreanimación fisiológica del niño“, es decir, que el bebé se adapte al mundo exterior de una forma más gradual, tal y como lo haría en un parto natural. El bebé, con la cabeza fuera, respira a través de su nariz y boca mientras el resto del cuerpo sigue dentro de su madre, unido aún a través del cordón umbilical a la placenta. Durante estos minutos, la presión del útero y el resto de tejidos maternos ayuda a que el bebé expulse el líquido que puede quedar dentro de sus pulmones, como pasaría en un parto natural, e incluso puede empezar a llorar, como hizo Laura. Luego se sacan los hombros y ya con medio cuerpo fuera los padres pueden verle a la perfección. Laura tenía muy buen color, y respiraba perfectamente. El resto del cuerpo salió prácticamente por sus propios medios, con la presión del útero y mínima ayuda por parte del equipo médico.

Se recomienda también el pinzamiento tardío del cordón umbilical, tal y como pasa en los partos naturales. Este pinzamiento se llama tardío cuando se realiza un minuto (o más) después del parto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el pinzamiento tardío, siempre que sea posible, para mantener el flujo sanguíneo entre la placenta y el recién nacido y mejorar el nivel de hierro del niño.

Un punto clave en toda cesárea humanizada consiste en promover el contacto precoz piel con piel del pequeño con su madre, para lo que se procura colocar al recién nacido sobre el pecho de ella. A Laura nada más nacer la envolvieron bien (el ambiente en el quirófano es más frío de lo que sería en una sala de partos habitual) y la acercaron al pecho de Núria. Es increíble como dejó de llorar al oír las voces de sus padres. Una vez que el neonatólogo hizo las primeras revisiones Laura volvió al pecho de su madre, esta vez ya piel con piel, y no se retiró de ahí ya en ningún momento, sostenida por su padre, mientras los médicos terminaban la intervención quirúrgica por detrás del telón, ya subido de nuevo.

La OMS recomienda el contacto piel con piel durante los primeros 30 minutos tras nacer, para favorecer el inicio de la lactancia materna. A mí siempre me sorprende cómo un bebé que acaba de nacer, y que está en un mundo para él desconocido hasta ese momento, es capaz de orientarse y buscar la seguridad en el pecho de su madre. Laura se aferró al pezón y se quedó allí tranquila, abriendo la boca y jugueteando con él. Más tarde, en la habitación, ya se enganchaba a la perfección. Eso sí, siempre es útil un poco de ayuda en estos momentos, por mucho que ya hayas dado el pecho antes. Cada lactancia es diferente a la anterior, lo he vivido en mi propia experiencia, así que se agradece que alguien experto esté a tu lado al menos en los primeros momentos.

Y una vez repasado cómo es una cesárea humanizada lo siguiente es pensar si siempre se podría realizar así. Hay casos en los que algunas de estas actuaciones estarán desaconsejados (por ejemplo, en una cesárea de urgencia el niño deberá nacer lo más rápido posible, o en algún caso no se podrá hacer el pinzamiento tardío…). Aunque hay algunos aspectos que siempre se podrían hacer sin mucha complicación como el piel con piel, el estar acompañado de tu pareja o bajar el telón. Todo se podría tener en cuenta valorando caso por caso. Al final depende de la voluntad que tenga el equipo médico de querer cambiar, abrir su mente y apostar por un modelo más satisfactorio para padres e hijos.

Las estadísticas dicen que las madres que pasan por una cesárea tienen más probabilidades de vivir la experiencia insatisfactoriamente, padecer depresión post parto y tener problemas en la lactancia. Así que si pequeños cambios como estos pueden hacer que estos datos cambien, ¿por qué no hacerlo?

Y para acabar, si queréis seguir más de cerca a la Dra. Laura Rodellar y su trabajo (totoalmente recomendable) en este post podéis conocer su proyecto Matertraining de preparación para el parto online, y sus guías de embarazo y post parto.

Esta entrada fue publicada en Partos-Naixements-Birth photography y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *